Desde la antiguedad los escargot son recomendados como remedio para males de estómago, hidropsia y partos. El la Edad Media, se utilizava el agua donde se hervían los escargots contra dolores de garganta, bronquitis y para el combate a afecciones gastrointestinales y cataplasma. Existen referencias de curas milagrosas de úlcera gástrica por la ingestión, durante una semana, de escargots vivos, retirados de sus conchas.

Sin embargo, se deve distinguir lo que es científico de lo que es superstición o creencia sin fundamiento científico. En realidad, existen indicadores que comprueban el valor terapéutico de los escargots, como los aminoácidos, encontrados en las proteínas de la carne del escargot y de su baba, que contribuyen para la reconstitución de la integridad de los tejidos gástricos y, por lo tanto la cura de la úlcera.

Por ser un alimento rico en calcio y ácidos grasos polisaturados, la alimentación a base de escargot es recomendada en los casos de raquitismo y de combate al colesterol. Su alto tenor de sales minerales y de hierro es útil durante el embarazo y la amamentación. Como son pobres en lípidos, pueden ser consumidos por quien sufre del hígado, arterioesclerosis y obesidad.

En Francia y Alemaña, los escargots son la base de preparaciones de cosméticos y sus conchas son también utilizados en el artesanato. En Brasil, se desenvuelven pesquisas sobre la utilización de la helicina (la baba de los escargots) como cicatrizante de heridas y ulceraciones.


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